Buscar este blog

domingo, 4 de abril de 2010

Tan fácil como callar a un periodista

Tan fácil como callar a un periodista
Por:
Juan Esteban Henao Pineda

Imagen tomada del enlace:
http://www.elciudadano.cl/wp-content/uploads/periodistas-asesinad.jpg

“No hay derecho” dice la frase popular. Pero es que en Colombia ya no hay derechos y más ahora cuando después de un gobierno lleno de mentiras se ha violado la constitución una y otra vez.
La venda que ciega a millones de ciudadanos, los que son abordados para las encuestas de favorabilidad y que mantienen convencidos que lo que mejor ha sucedido en el país en estos últimos años es que las personas de clase social alta puedan viajar tranquilamente por carretera, porque tristemente el pobre sigue haciéndose más pobre y ahora solo le queda aferrarse al dinero, a las tejas y el cemento que los políticos en las actuales campañas electorales entregan como su carta de presentación o deben aguantar largas filas por un subsidio mísero que en la mayoría de los casos termina en disturbios, es decir que siguen sin lo uno y sin lo otro.

Y son estos actos de corrupción, de hipocresía y de cinismo los que no se pueden atacar ni con gestos, ni con palabras ni mucho menos con escritos pues tan fácil tildan a un ciudadano de terrorista que atenta contra la hermosa y respetada soberanía del país.
Es labor de un periodista investigar, descubrir y contar los hechos que afectan al pueblo, sean positivos o negativos, aunque estos últimos abundan, claro está que van más allá de las masacres, la muerte de guerrilleros o los procesos judiciales en contra de funcionarios públicos que muestran las noticias. Y ni abordar los positivos, distintos a los “falsos positivos”, pues hay que alegrar al colombiano diciéndole que su presidente ha viajado por todo el mundo rogando un tratado de libre comercio o consiguiendo recursos para la guerra, mientras que la gente del común que somos todos, teniendo en cuenta los altos índices de pobreza, se mueren en las clínicas, sus hijos en la calle, sin educación gratuita o formal y los recursos dados por el estado como la Bienestarina curiosamente se la dan a los cerdos y nadie dice un por qué. Probablemente un proceso de denuncia de estos casos terminaría en un vencimiento de términos.
Y es que es más fácil cegar y callar a las personas que exponer las razones que justifiquen los actos del gobierno, más cuando se trata de un periodista, aquel que cumple según algunos una labor mediocre, una profesión sin ética, y un ejercicio sin fundamento alguno, débil y lleno de mentiras. Pero cómo no ha de ser así, si silencian a quienes verdaderamente representan los intereses de quien no aguanta más entre otras cosas, una educación corriente y las calles invadidas de vendedores informales que deben soportar hostigamientos arrastrando con sus productos a toda marcha sin ningún rumbo y sin fin alguno pues terminan también olvidados e invisibles ante los ojos de quienes mínimamente deben responder.

Aquel periodista que no se deja amedrentar por los grandes poderes y que sin temor alguno, aunque con valores éticos, se atreve a denunciar a quienes no reflejan sombra ni dejan huella en el país, pero que se unen y conforman ese gran monstruo que es la corrupción. Este profesional perseguido y amenazado, en el mejor de los casos termina en un juzgado aunque casi obligado a plasmar en otros términos, en palabras de los “afectados” o mejor dicho los sufridos, una rectificación donde se retracte de lo dicho volviendo a caer en el juego de las grandes maquinarias y de los mismos apellidos, que a lo único que se llega es a seguir mintiéndole al país, tapando con un dedo o con un billete la realidad.
Muchos otros, no con la misma “suerte” deben abandonar el país, casi que pasar de ilegales y mendigando también su refugio para procurar salvaguardar su derecho a la vida y luchando por defender la libertad de expresión, beneficios que deben conseguirse y mantenerse por métodos propios pues quienes verdaderamente deben hacerlo tienen su cabeza, su armamento y su bolsillo en otras situaciones y personas como por ejemplo en quienes deben seguir sus criterios de seguridad, sus expresiones y sus justificaciones pero en cuerpos ajenos.
Pero aún así los medios siguen callando y la calidad periodística se encuentra con una cinta en la boca, justificándose en ocasiones con las supuestas rentabilidades económicas bajas, las denuncias son cada vez más impertinentes pues no hay que tachar los respetados nombres que suenan y retumban en el país y el gobierno sigue convenciendo que es más fácil silenciar a quien no esté a su favor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario