Imagen Tomada de : http://elproyectomatriz.wordpress.com/2008/03/10/tratado-de-lisboa-europeos-amordazados-i/
Por : Mariana Posada
Al encontrarnos con un artículo de opinión, habitualmente se generan alrededor diversos comentarios que respaldan o rechazan las observaciones planteadas en el texto…otras opiniones. Sin embargo, y como piedra en el zapato, no falta ese desespero de algunos individuos por acallar las voces que buscan decir lo que piensan en aras de manifestar una realidad común, las cuales pretenden que en su sociedad no sólo exista la comprensión y el entendimiento de lo que sucede cotidianamente, sino que también se fomente una participación más activa en los lectores dentro de los procesos de reconstrucción social, dando paso a un desarrollo mucho más armónico y completo de su entorno.
Es claro que el manejo de este tipo de artículos periodísticos deben ir respaldados por una óptima administración de la responsabilidad, no únicamente con los insumos a los que deben regirse por medio de la investigación del hecho a tratar, sino además a la manera oportuna, adecuada, clara y honesta de expresar el consentimiento propio tomando en cuenta el efecto que podría tener en los otros.
No se puede negar que es de suma importancia valorar y hacer respetar aquello que se piensa y que se necesita expresar, pero es aún más fundamental empaparse de conocimiento e información sobre lo que estamos contando, ya que como periodistas y por tanto funcionarios de la verdad, estamos en la obligación moral de hablar contundentemente de lo que conocemos y de lo que fácilmente podemos comprobar.
Encontrémonos entonces con el caso del periodista bogotano Alfredo Molano, quién fue acusado de calumnia por la columna de opinión que tituló “Araújos et al”, donde realizaba una serie de observaciones y comentarios acerca de las actividades llevadas a cabo en una Región, por los personajes más sobresalientes de la misma, siempre dejando al aire la precisión de los sujetos en cuestión. Únicamente fue nombrado en dicha columna el ex paramilitar y narcotraficante “Jorge 40”. Sin embargo, Molano fué acusado por los Araújo de realizar una serie de calumnias en contra suya, a lo cual el periodista, en su defensa, argumentó que los señalamientos que realizaba en su texto no comprendían a la familia estrictamente, ya que no eran los únicos sobresalientes en la región. Sin embargo, este caso en particular logró tocar la susceptibilidad de una familia completa indirectamente (o con una intención muy directa, quién sabe, por algo será), pero lo que es importante resaltar allí es la manera como se coarta el derecho del periodista a expresar sus opiniones libremente, buscando una reflexión colectiva. También podemos apreciar el evidente autogol que se hicieron los propios Araújos al ponerse más en evidencia con su actitud de indignación hacía un texto que aunque sutilmente es acusativo, no es explícito y definitivamente no menciona sus nombres como tal.
Este, como muchos otros casos de ultraje a la libertad de prensa, son un claro reflejo del temor que sienten aquellos que se ven afectados por las palabras lanzadas en las páginas de un periódico cualquiera, ya que son presos de sus inseguridades, sus malas maneras y de una conciencia que no los deja tranquilos. Pero a pesar de sus intentos por silenciarnos, por pretender que nuestra libre expresión se vea limitada o por el afán de hacernos tragar nuestras palabras, la opinión es un derecho y no un privilegio de pocos, por tanto, a lo último… y como un verdadero ejemplo de que existe una justicia sobrenatural, la verdad siempre termina por saberse.
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