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lunes, 12 de abril de 2010

El periodismo: entre la verdad y el maquillaje social

Por: Karol Vanessa Álvarez Vélez


La ética periodística como la de cualquier profesión está marcada por un relativismo moral, en dónde lo catalogado como “bueno” para algunos, es “malo” para otros. Sin embargo, se debe reconocer que existen valores fundamentales en cada profesión, que hacen que las personas que se desenvuelven en ésta, consigan un desarrollo laboral y personal, ofreciendo de esta manera un bienestar social, como parte de su responsabilidad profesional.

En el caso del periodismo, se constituye la verdad como un valor indispensable, que surge como resultado a la necesidad que tiene la ciudadanía de conocer información certera, que le permita obtener día a día una fotografía de la realidad social; pero esta fotografía debe ser idéntica al objeto o a la realidad que alude, sin modificaciones, ni alteraciones por quien la toma con su lente, para después publicarla. Debe estar en perfecto estado, completa, sin ignorar partes ni añadir otras, porque el compromiso laboral que tiene un periodista con su comunidad es buscar la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad, aunque la frase suene a juramento de tribunal cuando se llama a declarar a un testigo.

Siendo así, el periodista tiene una doble labor: la de entregar una información limpia y veraz, sin importar las circunstancias o las condiciones, y la de crear en su público (televidente lector o radioescucha) una cultura de la verdad y de la pulcritud informativa, porque así la veracidad irá tomando un valor; que aunque común para todos, cada persona lo empezará a descubrir y a interiorizar, asimilándolo como una necesidad permanente de escuchar datos verdaderos y de ofrecerlos cuando se requieran sus palabras públicamente.

El periodista además, debe comprender que actuando bajo los estándares éticos que su profesión le exige, le estaría procurando un bien a la comunidad, y sólo de esta manera pondría evaluar que tan ético o no es su proceder, y de paso comprendería, que ésta es una profesión que involucra de manera especial a la masa, convirtiéndola cada día en la protagonista eventual de sucesos, que investigados, organizados y contados, pueden beneficiar, o por el contrario perjudicar a muchos. Sin embargo, el sentido verdadero del periodismo no es dañar a unos o ayudar a otros, por importantes, e influyentes que sean; el eje principal de este rol, es graficar la realidad, tal cual como ésta es, sin hacer uso de programas de edición que sirven para maquillar y borrar imperfecciones que afean el paisaje, aquí se debe dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar.

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