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lunes, 12 de abril de 2010

Censura en Colombia, Espejismos y Mentiras



Por: Mauricio Alejandro Arias


Colombia es toda una coyuntura social y política para el análisis de los especialistas. La opinión pública se vale de ellos para construir su propio concepto de la situación nacional.

El ejercicio periodístico en el país dista mucho del efectuado a principio de los años 90 y comienzos de siglo, donde el temor por cubrir un hecho era la consigna de cada medio noticioso.

El país no debe caer alucinaciones de unos resentidos por el accionar del Estado, donde pintan a toda una nación como presos de la información. Medios alternativos y artísticos se resumen en pataletas de niños para pintar la realidad colombiana a la cubana o venezolana. Rechinan y critican mas sin embargo, tienen toda la libertad para hacerlo. Juzgan a los grandes emporios de la comunicación por desinformadores y arrodillados al gobierno de turno, no obstante, ellos también pertenecen al club de los intereses económicos y políticos que les permite seguir funcionando bajo la legalidad y la potestad que ofrece el Estado opresor.

Lejos se encuentran de la verdadera censura y pérdida de libertades en una nación. Sí fuera Colombia un país opresor, violador de libertades y censurador el columnista Daniel Coronel estaría en la cárcel por denigrar de un presidente y su noticiero estaría fuera del aire; el semanario Voz existiría pero funcionando en su totalidad desde la selva y la clandestinidad.

La mentira de la presión estatal hacia periodistas y medios de comunicación se debe transformar. Las libertades son violentadas por aquellos protagonistas de un conflicto que no cesa. Las amenazas se desbordaron a los actores violentos. Los grupos ilegales son los principales interesados en que se tergiverse la información. Por eso ante un país tan polarizado, la definición que tiene buena parte de la población hacia los medios masivos nacionales es según Germán Ortiz Leiva analista de la Sala de Prensa, Web para profesionales de la comunicación iberoamericanos “los culpables de una impredecible situación, que no produjeron ellos, pero que tampoco hicieron nada para transformarla”.

Sin embargo, una cosa es informar con veracidad y bajo los parámetros mínimos que permite la ley, con los derechos y deberes que ampara la Constitución y otra muy diferente es convertirse en voceros y canales que hacen apología al terrorismo; medios incontrolables que viven sumidos en la clandestinidad.

Finalmente, ante el panorama de los medios masivos de Colombia es descabellado pensar que se puede ser ético y conservar principios de verdad cuando se ejerce la profesión. El medio determina el accionar del sujeto. Es lamentable ese panorama en el que prima más lo económico y político que lo meramente humano. Pese a esto, el panorama para la prensa en Colombia no es tan desalentador como lo dibujan aquellos que se dedican a pescar en el río revuelto de la democracia. Cuando una persona vaya a la cárcel o se cierre indiscriminadamente un medio de comunicación si debe ser motivo de alarme. Pero antes de enfrentar la realidad, se debe reflexionar, “la primera víctima de la guerra es la verdad”

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